Libros de gatos para niños: por qué el gato siempre gana
Los libros de gatos para niños son una categoría en sí misma, y basta mirar cualquier estantería infantil para comprobarlo. Hay perros, hay conejos, hay ratones a montones. Pero el gato aparece una y otra vez, en épocas distintas, en países distintos y para edades distintas: con botas, sonriendo en un árbol, con sombrero de rayas, hablando desde el alféizar de una ventana. Ningún otro animal lleva tantos siglos seguidos siendo protagonista.
No es casualidad, y tiene una explicación bastante bonita.
El gato ya es un personaje antes de abrir la boca
Un perro en un cuento necesita que le des carácter. Un gato viene con el carácter puesto.
Cualquier niño de cinco años sabe, sin que nadie se lo haya explicado nunca, que un gato hace lo que quiere, que aparece cuando le conviene, que no viene si le llamas y que si se sienta encima de ti es porque ha decidido que sí. Toda esa información está ya dentro del lector antes de la primera página. El autor solo tiene que aprovecharla.
Eso convierte al gato en un atajo narrativo perfecto para la literatura infantil, donde el espacio es poco y hay que entender a los personajes deprisa. Un gato entra en escena y ya sabes a qué atenerte.
Porque el gato es el único animal que elige
Aquí está, creo, el motivo de fondo.
Un perro de cuento quiere agradar. Es fiel por definición, y su cariño se da por hecho. Un gato, no. El cariño de un gato hay que ganárselo, y por eso, cuando por fin llega, vale muchísimo más.
Para un niño eso es enorme. La escena de «el gato de la casa ha elegido dormir en mi cama, y no en la de mi hermano» es una de las primeras veces en la vida en que alguien te elige a ti sin que nadie se lo haya pedido. Los libros de gatos repiten esa escena una y otra vez porque funciona: el lector no solo acompaña al personaje, siente que él también ha sido elegido.
Es exactamente el mismo mecanismo que hace que funcionen tan bien los animales que hablan en los cuentos infantiles, solo que con el gato viene de serie.
Los gatos de los libros, edad por edad
De 3 a 5 años. El gato es sobre todo cuerpo y humor: se cae, se esconde, rompe cosas, se queda dormido en el sitio más incómodo de la casa. A esta edad el gato del cuento se parece mucho al gato real, y esa es la gracia. Historias cortas, ilustración grande y un solo escenario.
De 6 a 8 años. Aquí el gato se convierte en compañero de aventuras con opinión propia. Habla, protesta, avisa de lo que va a salir mal y luego va igualmente. Es el tramo de las novelas cortas por capítulos y el mejor momento para un gato con carácter, porque el niño ya distingue entre lo que un personaje dice y lo que un personaje quiere. Es justo la edad para la que está escrito Luna y Misi.
De 9 a 12 años. El gato se vuelve ambiguo, y ahí gana. Es el que sabe cosas que no cuenta, el que guía sin explicar, el que a ratos parece estar de tu lado y a ratos no. A esta edad el lector disfruta justamente de no saber del todo si puede fiarse, y el gato es el animal que mejor sostiene esa duda.
Qué se lleva un niño de un libro de gatos
Más de lo que parece.
El gato enseña que el cariño tiene límites y que se respetan. Que hay quien necesita su rato solo y eso no significa que no te quiera. Que se puede querer mucho a alguien que no te lo demuestra como tú lo harías. Son ideas complicadísimas de explicar con un discurso y facilísimas de entender viendo a un gato irse a la otra punta de la habitación y volver diez minutos después a ponerse encima de ti.
Y luego está el consuelo sin palabras. Un niño que ha tenido un mal día en el colegio no se lo cuenta a nadie, pero se sienta con el gato. En los libros pasa lo mismo, y para el lector eso es un permiso: no hace falta explicarlo todo para sentirse acompañado.
Por si os interesa el tema de fondo, aquí lo desarrollo entero: qué es un libro con valores y qué valores encajan en cada edad.
Cómo elegir un buen libro de gatos
Cuatro cosas que miro yo:
- Que el gato haga de gato. Si solo es un humano con orejas, se pierde todo lo anterior. Tiene que haber siestas, indiferencias y decisiones incomprensibles.
- Que no obedezca. Un gato de cuento que hace siempre lo que le dicen es un gato desaprovechado.
- Que tenga algo que perder. El humor solo aguanta veinte páginas; después hace falta que al gato le importe algo.
- Que suene bien en voz alta. Los diálogos de gato tienen un tono muy concreto, entre irónico y cansado. O lo tiene, o el libro se desinfla.
Misi, por si os lo preguntabais
En nuestra casa el gato es Misi, y es tan grande como la mesa de la cocina. Habla, pero solo con Luna: nadie más en el mundo le ha oído decir una palabra, y ese secreto entre los dos es una de las cosas que más nos comentan los lectores.
Misi tiene todo lo que os he contado arriba. Dice la verdad aunque escueza, va a las aventuras protestando y va igualmente, y elige a Luna cada día. La historia entera empieza en «Luna y Misi: Muy lejos de casa», una novela de aventuras a partir de 6 años para leer en voz alta. El primer capítulo se puede leer entero y gratis, sin registrarse. Y aquí está su ficha de personaje, por si queréis verle la cara.
Si buscáis más animales para la estantería, en libros recomendados hay unos cuantos de otros autores que nos encantan.
¿Cuál es el gato de libro favorito de vuestra casa? Contádnoslo aquí abajo, que esa lista siempre viene bien. 🌙
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