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La amistad en los cuentos infantiles

Ilustración de la noticia «La amistad en los cuentos infantiles»

Si hacéis la prueba de repasar los libros favoritos de vuestros hijos, va a salir casi siempre lo mismo. No importa si va de dragones, de detectives o de un niño normal en un colegio normal: en el centro hay dos que se quieren.

La amistad es el gran tema de la literatura infantil, y no por casualidad. Es el primer vínculo que los niños eligen ellos. A la familia te la encuentras puesta; los amigos los decides tú, y por eso duelen y enseñan de otra manera.

Lo que un cuento cuenta sobre la amistad y el patio no

En el patio, los conflictos suelen quedar sin explicar. Alguien se enfada, alguien se va, al día siguiente juegan otra vez y nadie sabe muy bien qué pasó. El niño se queda con la escena, pero sin la parte de dentro.

Un libro le da precisamente eso: el interior. Sabes lo que el personaje piensa, lo que calla, por qué mintió, por qué le dio vergüenza pedir perdón. Durante unas horas, un niño de ocho años vive dentro de la cabeza de alguien que se está peleando con su mejor amigo, y ve la avería desde dentro.

Y hay algo más importante: en los buenos libros de amistad la relación se rompe y se arregla. El patio casi nunca da esa segunda parte, o no la da explicada. Los cuentos sí, y ahí está la lección de verdad: no que los amigos no se enfadan, sino que un enfado no es el final.

Los tres tipos de amistad que aparecen en los cuentos

Merece la pena distinguirlos, porque cada uno enseña algo distinto y en casa conviene tenerlos todos.

El compañero incondicional. El que está siempre, el que no falla, el que aguanta. Frog y Sapo, Winnie the Pooh y Piglet. Son historias tranquilas, sin grandes conflictos, y hacen un trabajo silencioso: le enseñan al niño qué se siente al ser aceptado sin condiciones. Funcionan sobre todo de 4 a 7 años.

El amigo distinto. Dos que no se parecen en nada y que, precisamente por eso, se completan. Es la estructura de casi toda la literatura infantil moderna, y la que mejor trabaja el respeto a la diferencia sin dar ni una charla. Aquí entra también la amistad entre un niño y un animal, que es la versión más pura: se quieren sin compartir ni idioma.

El amigo que falla. El más incómodo y el más útil a partir de los ocho. El que traiciona, el que se va con otros, el que no te defiende. Estos libros no son agradables de leer y hacen falta, porque a esa edad ya está pasando en clase y el niño necesita saber que le pasa a más gente.

Qué buscar en un buen libro de amistad

Cuatro cosas, y con dos ya suele valer:

- Que se digan la verdad. Los amigos de los libros buenos se cantan las verdades. Es lo que separa la amistad del acompañamiento.
- Que haya un conflicto real, no un malentendido de dos páginas que se aclara solo.
- Que la reparación cueste algo. Un perdón que no cuesta nada no enseña nada.
- Que no sean iguales. Dos personajes idénticos no tienen nada que negociar, y la amistad es, sobre todo, una negociación permanente.

Las preguntas que funcionan después

La amistad es probablemente el tema del que más fácil resulta hablar con un niño, porque lo tiene fresco todos los días. Tres que abren conversación de verdad:

- ¿Tu amigo te diría eso a la cara?
- ¿Qué crees que sintió el otro cuando pasó aquello?
- ¿Alguna vez te ha pasado algo parecido? (Y si dice que no: cuéntale tú una tuya. Funciona casi siempre.)

Ojo con una tentación muy común: usar el libro como excusa para hablar de ese niño concreto que le está haciendo la vida imposible. Si el niño huele que la conversación va de él, se cierra. Habla del personaje, y deja que sea él quien haga el salto. Lo hará.

En Luna y Misi

Casi todo lo que sé de esto lo aprendí escribiendo a estos dos.

Luna y Misi son el segundo tipo: una niña con una imaginación desbordante y un gato del tamaño de la mesa de la cocina que habla solo con ella. No se parecen en nada y no se sueltan. Misi es de los que dicen la verdad aunque escueza —«un minuto tuyo son veinte minutos de verdad»— y Luna es de las que arrastran a su amigo a aventuras que él no habría elegido jamás.

En Muy lejos de casa esa amistad se pone a prueba de la peor manera posible: acaban lejísimos de su jardín y tienen que volver. Y lo que descubren por el camino es que la amistad no es no discutir nunca; es no soltarse mientras se discute.

La amistad incondicional es, de hecho, uno de los valores centrales de la saga. Y si os interesa el tema en general, aquí hay siete valores que los cuentos enseñan especialmente bien, cada uno con su pregunta.

Una última cosa

A los niños les cuesta muchísimo hablar de sus amistades. No porque no les importen —les importan más que casi nada—, sino porque no tienen todavía las palabras.

Un libro se las presta. Durante un rato pueden hablar de lo que le pasó a un personaje, y en realidad están hablando de ellos. Nosotros solo tenemos que escuchar sin corregir demasiado.

¿Cuál es el libro de amistad que mejor ha funcionado en vuestra casa? Contádnoslo aquí abajo: esa lista siempre nos viene bien a todos. 🌙

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