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«El hilo invisible»: el libro que le leí a mi hija muchas veces (y que ahora me lee a mí)

Ilustración de la noticia ««El hilo invisible»: el libro que le leí a mi hija muchas veces (y que ahora me lee a mí)»

Compré este libro hace muchos años, cuando mi hija era pequeña. Y se lo leí muchísimas veces.

Lo compré por un motivo muy concreto, de esos que uno no dice en voz alta en la puerta del colegio: quería que ella tuviera una manera de entender que, aunque yo no estuviera delante, seguíamos unidos. Que la distancia no apaga a nadie. Que yo la seguía sintiendo igual desde donde estuviera.

Lo que no sabía entonces —no se sabe nunca— es que años después iba a ser ella la que estuviera lejos, y que el que iba a necesitar el libro iba a ser yo.

Así que esta recomendación no es del todo objetiva. Aviso.

De qué va

Nura descubre un secreto: de su ombligo sale un hilo. Uno que no se ve ni se toca, pero que está ahí.

Ese hilo la une a las personas a las que quiere: a su madre, a su padre, a sus abuelos, a sus primos, a sus amigos. Y tiene una propiedad muy importante: no se rompe con la distancia. Ni cuando ella está en el colegio y su madre en el trabajo. Ni cuando los abuelos viven lejos. Ni cuando alguien ya no está.

Eso es todo. Es una idea sencilla, contada despacio y dibujada con muchísima calidez por Marta Moreno. Y a un niño pequeño le resuelve, de golpe, algo que llevaba semanas sin poder explicar.

Se nota que funciona: lleva más de 150.000 ejemplares vendidos y hasta versión musical en teatro. Pero eso lo he mirado hoy, para escribir esto. Yo lo compré porque lo necesitaba.

Por qué funciona tan bien

Porque le da una imagen, no una explicación. «Volveré a buscarte» es información, y la información no calma a nadie de cuatro años. Un hilo que sale del ombligo y llega hasta papá es una imagen, y las imágenes sí calman. El niño puede tocarse la barriga en el patio y comprobarlo. Eso es enormemente más útil que cualquier discurso.

Porque sirve para muchas separaciones distintas. Se compra normalmente para empezar el colegio, pero se usa mucho más: para cuando los padres se separan, para cuando un abuelo se muere, para una mudanza, para el primer campamento, para una familia que vive en dos casas o en dos países. Es el mismo hilo explicando cosas muy diferentes.

Porque también funciona al revés. Es un libro para el niño, sí. Pero el que se emociona en la última página suele ser el adulto. En su momento pensé que eso era una anécdota. Hoy creo que es medio libro.

Lo que conviene saber antes de comprarlo

Con las cartas boca arriba, que es lo que espero yo de una recomendación.

Tiene mensaje, y se nota. Míriam Tirado es consultora de crianza y el libro está escrito con una intención clarísima. Eso es una virtud —hace exactamente lo que promete—, pero si buscáis un cuento que sorprenda, con giro y aventura, este no lo es. Es una herramienta preciosa, no una historia trepidante.

El texto es más largo de lo que parece. Son 64 páginas de álbum, con bastante letra por página. A los tres años se hace largo; a partir de cuatro o cinco entra perfecto. Para los más peques existe una edición en cartón, mucho más resumida.

Cuidado si el duelo es reciente. Si alguien de la familia acaba de morir, este libro remueve mucho, y eso a veces está bien y a veces no. Leedlo vosotros antes de leerlo con el niño: lo sabréis en dos minutos.

El precio. Es un álbum grande, de tapa dura y bien editado, y se nota en lo que cuesta. Es un regalo, no una compra de impulso. Como regalo, de los que se agradecen de verdad.

Edad y formato

Editorial B de Blok, 64 páginas, tapa dura, ilustraciones de Marta Moreno. A partir de 4 años, y perfecto entre los 4 y los 7. Hay edición en cartón, versión pop-up y audiolibro.

Podéis verlo aquí: El hilo invisible, en Amazon. (Es un enlace de afiliado: si compráis a través de él, apoyáis la saga sin coste extra para vosotros.)

Cómo usarlo de verdad

Este libro no se lee una vez: se instala en casa. Y tiene tres usos que van mucho más allá de la lectura.

El tirón. Después de leerlo, acordad una señal: dos tironcitos del hilo cuando uno se acuerda del otro. Funciona en la puerta del colegio, funciona en un viaje de trabajo y funciona muchos años después, aunque para entonces se llame de otra manera.

El nudo antes de un cambio. Los días previos a algo grande —empezar el cole, una mudanza, un ingreso— sacadlo y volved a leerlo. Anticipar la separación con una imagen ya conocida la hace la mitad de grande.

El mapa de hilos. Un folio, el niño en el centro, y una línea a cada persona a la que quiere. Los primos, los abuelos, la profesora, el amigo que se mudó. Cuando ve cuántas líneas le salen, pasa algo bonito y difícil de explicar.

Dónde acabó este hilo

Hay algo que no había contado hasta hoy.

Cuando escribí el segundo libro de Luna y Misi, me di cuenta a mitad de camino de que la historia iba de esto. De alguien que está muy lejos y de alguien que lo busca. Y hacia el final hay un momento —no cuento más— en el que un hombre que lleva años solo, en un sitio remotísimo, siente de pronto que alguien tira de un hilo invisible atado a su pecho y lo pone tenso.

Ese hilo es este. Sale directamente de aquellas noches leyéndole el cuento a mi hija.

En algún momento del libro, Ziru lo explica a su manera: lo que las corrientes se llevan del todo es lo que ya no tiene a nadie al otro lado tirando del hilo. Mientras alguien tire, no estás perdido. Estás lejos. Y lejos se arregla yendo.

Escribí eso creyendo que se lo escribía a los lectores. Ahora sé perfectamente a quién se lo escribí.

Si os gusta este, os gustará…

En la estantería de libros recomendados guardamos los que nos encantan, elegidos a mano.

Y cuando ese niño crezca un poco y pida historias largas, la idea del hilo tiene continuación natural en Muy lejos de casa: Luna y Misi acaban tan lejos de su jardín como se puede acabar, y toda la aventura consiste en descubrir que lo que echaban de menos no era la casa, sino a quien esperaba dentro. Es el mismo hilo, contado para los 6-10 años. De hecho, el hogar es el primer valor de la saga.

Una última cosa

A los niños pequeños no les asusta la distancia: les asusta la desaparición. Todavía no tienen forma de saber que lo que no se ve sigue existiendo.

A los adultos nos pasa lo mismo, solo que lo disimulamos mejor.

Por eso este libro me parece de los importantes. No es un cuento bonito: es una herramienta, y funciona en las dos direcciones del hilo. Si se lo leéis muchas veces a alguien pequeño, dentro de unos años esa persona seguirá teniendo su extremo bien agarrado. Aunque esté lejos. Aunque no lo diga.

¿Cómo lleváis en casa las despedidas? Contádnoslo aquí abajo. 🌙

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